Rascarse la piel es una respuesta natural ante la picazón, pero hacerlo en exceso puede tener efectos negativos en la salud. La ciencia ha demostrado que este hábito puede dañar la barrera cutánea, aumentar la inflamación y, en algunos casos, provocar infecciones.
La rasquiña o picazón puede ser causada por múltiples factores, como alergias, sequedad en la piel, enfermedades dermatológicas (eczema, psoriasis) o incluso factores psicológicos como el estrés y la ansiedad. Al rascarse, se activa temporalmente una sensación de alivio porque el cerebro libera serotonina, pero esto puede desencadenar un ciclo vicioso: cuanto más se rasca, más pica la piel.
La piel tiene una función protectora, y al rascarse de manera excesiva, especialmente si es con fuerza, se pueden crear pequeñas lesiones o heridas. Estas microlesiones debilitan la barrera cutánea, lo que facilita la entrada de bacterias, virus y otros patógenos, lo que aumenta el riesgo de infecciones.

Rascarse activa una respuesta inflamatoria en la piel. El proceso de rascado puede liberar histamina y otras sustancias químicas que provocan enrojecimiento, hinchazón y mayor picazón. Este ciclo continuo empeora la condición de la piel y agrava la picazón, lo que lleva a rascarse aún más.
El rascado repetido y crónico puede llevar a la formación de cicatrices, especialmente si se rasca con mucha fuerza o si se rasca una zona ya lesionada. Además, puede causar un engrosamiento de la piel (liquenificación), que se vuelve más áspera y rígida, lo que a su vez puede aumentar la picazón y crear un círculo vicioso.
Las heridas abiertas causadas por rascarse pueden infectarse fácilmente, lo que podría resultar en afecciones cutáneas como impétigo, celulitis bacteriana o abscesos. Las infecciones pueden complicarse y requerir tratamiento médico.
Carla Martínez / Con información de VTV