Ella era la atracción de mis carnavales, cuando era un muchacho. Todo en ella era extravagante: su cuerpo, su caminar y su manera de hablar.
Recorría las calles del pueblo envuelta en una malla de negro azabache, con las pantaletas y el sostén “por fuera”; con “la bemba” pintada de rojo y adornada con collares de diversas “pepas” y colores…y entonces te preguntaba: ¿Usted me reconoce?
Era “la Negrita”, la misma que ha sobrevivido a las tendencias propias de la evolución; y que ahora, en estos tiempos, lucha por mantenerse presente y vigente en estos carnavales.
¿Usted me reconoce? Tras esa interrogante y bajo ese disfraz se escondían los más curiosos personajes.
En un principio las propias mujeres en el ropaje de la “Negrita” hacían lo que en su vida diaria no se atrevían hacer; y posteriormente hasta el hombre asumió esa vestimenta para la “joda” entre amigos arrancando la risa y asombro de todo el pueblo.
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Muchos recordarán, que “las negritas” tenían un arma poderosa para alejar a quienes intentaran propasarse: Un palito de madera de puntas bien afiladas con el que pinchaban al atrevido, “falto e ‘respeto”.
«La historia vinculada a este tradicional personaje nos remonta a Trinidad y Tobago, donde se realizan exuberantes festividades de carnaval donde las mujeres afrodescendientes son las más llamativas y utilizan accesorios muy vistosos y coloridos. En Venezuela el personaje también típico y clásico que no puede faltar durante las celebraciones de carnaval«, así nos relató de manera exclusiva el reconocido actor de teatro Carlos Parra Mendoza, mejor conocido en el estado Lara como Mascarilla.
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«Pero fíjate, en el caso de las negritas, lo que yo te conté ese día en la entrevista era la forma dicharachera de ver la situación de los carnavales entre 1920 y 1940, sobre todo, en la parte de Caracas, que se hacían aquellos grandes bailes con aquellas orquestas famosísimas del momento y que, por supuesto, los caballeros se levantaban sus negritas«, comenta Parra.
Sin embargo, «las negritas también tenían una connotación sobre el racismo. Había una crítica y una burla, donde se encontraban ambas vertientes en este personaje. Lo que más se tomaba en cuenta era la parte humorística, donde decían que los caballeros terminaban enamorados y resultaba que no eran negritas, sino negritos disfrazados. Esta situación se utilizaba para tomarle el pelo a aquellos que se iban con una negrita, sin saber que en realidad era una persona disfrazada.»
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Detalló Parra Mendoza, que «los carnavales en Barquisimeto eran más que una celebración, eran una feria donde se promovían productos y los comerciantes aprovechaban para lanzar regalos al público que se congregaba en la avenida Venezuela. El carnaval, la fiesta de la carne, también tenía una connotación religiosa, siendo el preludio a la cuaresma, lo que no era bien visto por la iglesia católica.»
«El rey Momo, una figura grotesca elegida cada año, representaba el espíritu del carnaval. Esta festividad ofrecía la oportunidad de vivir fantasías y ser personajes importantes, similar al teatro«, explicó el actor y comediante.
Con el tiempo, el carnaval ha servido para enaltecer la identidad venezolana. Ahora los disfraces son de orígenes indígenas, de policías, bomberos y payasos. Aunque personajes como el Zorro, Superman, Robin y Batman siguen presentes, no tienen la misma relevancia que antes. La venezolanidad se expresa a través de disfraces educativos y culturales, como los vestidos de llanero y tamunangueros.
A pesar de algunas controversias, como el uso de disfraces religiosos, el carnaval sigue siendo una celebración emocionante y diversa. Las negritas, con su mezcla de humor y crítica social, son un ejemplo de cómo las tradiciones carnavalescas han evolucionado y perdurado en el tiempo.
Zuleydy Márquez Noticias Barquisimeto