En América Latina y el Caribe, una de las regiones más violentas del planeta, los asesinatos han conmocionado a la sociedad.
La organización InSight Crime, centro de estudios sobre crimen organizado en América Latina y el Caribe, publicó el 26 de febrero su décimo balance anual de las tasas de homicidios en la región, presentando resultados que hacen más evidente los claroscuros en la realidad latinoamericana.
Partiendo de reportes de 2021, cuando la tasa promedio mundial de homicidios fue de 5,8 por cada 100.000 habitantes, las cifras regionales son altas.
Según el reporte, la tasa de homicidios media en la región se ubicó en torno a los 20,2 por cada 100.000 habitantes, un número parecido al de 2023, aunque con los focos de la violencia distribuidos en una manera alarmantemente distinta. El 2024 fue un año especialmente violento para las islas caribeñas, que experimentaron un aumento exponencial en sus ya preocupantes situaciones de seguridad.
Surinam se colocó en primer lugar con relación al aumento de su tasa de homicidios entre los países de la región, con un salto exponencial del 382,3% en comparación al 2023, dejando así al pequeño país suramericano con una tasa de 29,9 homicidios por cada 100.000 personas. Números especialmente alarmantes en un país que no llega ni a los 700.000 habitantes.
Islas caribeñas como Barbados, Turcas y Caicos, Haití, Trinidad y Tobago, Bahamas y San Vicente y las Granadinas figuran entre los países de la región con un especial auge en la tasa de homicidios durante el año pasado, cimentando al Caribe como una región arrastrada a la violencia crónica de sus vecinos continentales.
«El crecimiento récord de los ingresos de la delincuencia en 2024, liderado por la cocaína, las drogas sintéticas y el oro, está provocando un aumento de la fuerza de muchos grupos delictivos», señaló Jeremy McDermott, cofundador y codirector de InSight Crime, en entrevista con France 24.
El Caribe, azotado por la violencia y difícil de analizar
El informe de Insight Crime matiza la complejidad del análisis regional de las islas caribeñas, ya que, debido a la pequeñez de sus poblaciones, «las alarmantes cifras pueden deberse a casos aislados de violencia y no a un aumento de la actividad criminal».
Entre las islas más violentas en 2024 se ubican Turcas y Caicos. Con poco más de 46.000 habitantes, las paradisiacas islas experimentaron un salto en su ya alta tasa de homicidios, subiendo de 46,6 a 103,1 homicidios en tan solo un año, lo que representa un alza de 121,2% en las muertes violentas.
Según el reporte, el aumento de la violencia puede relacionarse con «las sofisticadas redes de tráfico de armas y drogas en las islas», aunque remarca que el tráfico de migrantes en la zona «también parece desempeñar un papel importante en el aumento de la delincuencia».
Aunque el documento arroja algo de claridad sobre la existencia de estructuras criminales dentro de Turcas y Caicos, McDermott subraya que dicho fenómeno no es la regla dentro del Caribe, remarcando que, usualmente, no hay una dinámica de crimen organizado detrás de los homicidios en la zona, por lo que su aparición es «más difícil de entender».
Sin embargo, el cofundador de Insight Crime también apunta a algunas causas estructurales que, aunque no están relacionadas con la esquematización compleja de células criminales en varios de los países del Caribe, sí pueden influir en la explicación del repunte de homicidios dentro de una zona cada vez más afectada por la violencia y la inestabilidad política.
Sobre San Vicente y las Granadinas, McDermott explicó que «una cultura hipermasculina y la falta de oportunidades económicas y educativas, combinadas con altos niveles de violencia doméstica alimentan una de las tasas de homicidios más altas de la región».
La crisis de Haití
Haití es otro de los escenarios caribeños en donde aumentó la tasa de homicidios este 2024, registrando un número récord de más de 7.000 asesinatos, una tasa de 62 homicidios por cada 100.000 habitantes.
La espiral de violencia protagonizads por las pandillas criminales en Puerto Príncipe, además de la interminable crisis política tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, representan el origen de una violencia sin cuartel entre las organizaciones criminales y un Estado en transición.
En medio de la violencia encarnizada entre la nueva alianza de pandillas y las débiles fuerzas del Estado, la ONU envió una fuerza de seguridad – encabezada por Kenia – para enfrentar al crimen organizado y restablecer la estabilidad en el país. Sin embargo, por ahora no ha logrado su objetivo.
«La misión respaldada por la ONU en Haití cuenta con recursos limitados, carece de reglas de enfrentamiento claras, dispone de escasa información de inteligencia y se enfrenta a una serie de bandas bien armadas que operan entre la población civil y cuyos miembros son muy difíciles de identificar, por no hablar de atacar. «, apuntó McDermott.
El contraste en Suramérica
Ya dentro de la plataforma continental del sur continental, las realidades de los países en la región se diferencian entre sí, entre avances positivos en los esfuerzos de pacificación y empeoramiento de la situación de seguridad a causa de inestabilidad política, corrupción o presencia del crimen organizado.
En Colombia, Brasil, Bolivia y Argentina, la tasa de homicidios se redujo, respondiendo a diversos factores; desde los progresos en la estrategia de paz colombiana, hasta la cimentación de grupos criminales en territorio brasileño, lo que hace menos atractivo para las organizaciones delictivas el usar la violencia para asegurar territorios.
Sin embargo, el repunte de la violencia en el Catatumbo colombiano a principios de 2025, o la expansión de la pandilla venezolana del Tren de Aragua en países como Chile y Perú orilla a que el futuro de la región en términos de seguridad sea incierto, a pesar de los modestos avances mostrados por los Gobiernos en turno.
«El PCC en Brasil, los Gaitanistas en Colombia, las bandas venezolanas encabezadas por el Tren de Aragua, todos experimentaron un crecimiento durante 2024, y parece que esto continuará en 2025.», señaló el también codirector de InSight Crime.
Otro de los casos remarcables dentro del informe es el de Ecuador, que, después de registrar el año más violento de su historia en 2023, ha logrado contrarrestar de una u otra manera la complicada situación de seguridad dentro del territorio, reportando una disminución del 12,8% en la tasa de homicidios del 2024.
McDermott explica que el identificado descenso en los homicidios dentro del país suramericano tuvo lugar principalmente a principios del año pasado, «cuando se desplegó inicialmente el Ejército, lo que quizá cogió por sorpresa a las bandas».
Empero, conforme fue avanzando el año, la tasa de homicidios volvió a subir a niveles equiparables al 2023; un fenómeno que el reporte atribuye a la «transformación» de los grupos criminales ecuatorianos.
«Este cambio provocó violentos enfrentamientos, ya que grupos cada vez más fragmentados competían por el control en el nuevo panorama criminal. En última instancia, la modesta caída de los homicidios enmascaró lo que, de otro modo, fue un año de violencia persistente, ya que la intervención militar obligó a los grupos criminales a transformarse en lugar de desaparecer», menciona el reporte.
México, luces y sombras
Entre los descensos en la tasa de homicidios más llamativos de 2024 esta el caso mexicano. En un territorio con casi 120 millones de habitantes, México ha sido históricamente uno de los países latinoamericanos con una mayor carga de la violencia en comparación a los demás, debido a la aparición de organizaciones criminales complejas que se aprovechan de la cercanía geográfica con Estados Unidos para emprender actividades ilícitas en el país.
Sin embargo, el reporte de InSight Crime muestra una ligera caída en la tasa de homicidios en 2024 cobn respecto al año anterior, de 24 a 19,3, lo que significa una disminución del 19,6% de los homicidios.
Aunque los números porcentuales dan a entender un avance, las cifras brutas dan un panorama aún complicado: 25.469 homicidios en México durante 2024.
En un 2024 donde México experimentó una transición presidencial relativamente pacífica entre Andrés Manuel López Obrador y su protegida política, Claudia Sheinbaum, el país vivió una relativa caída de la violencia, resultado de la «hegemonía criminal» en algunas zonas del país, según apuntó McDermott.
Empero, la convulsa situación que explotó en los últimos meses de 2024 en Sinaloa, tras la fractura en el Cártel de Sinaloa, predice un futuro complicado en territorio mexicano.
«Donde hay hegemonía criminal, y, por tanto, menos lucha de los grupos criminales por controlar el territorio, los asesinatos tienden a disminuir. Pero con la guerra civil dentro del cártel de Sinaloa esa hegemonía se rompió a finales del año pasado. Aunque cualquier descenso en los asesinatos es bienvenido, no creemos que esto marque un punto de inflexión en México.», sentenció el codirector de la organización para France 24.
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Información de: Agencias