El Barcelona gana 0-1 en el Metropolitano y se clasifica para jugar la final. El Atleti solo jugó una parte, la segunda, esa en la que salió Sorloth. Pedri y Lamine les sometieron en la primera. El gol, de Ferran.
A morir los míos mueren. Si el Atleti mascó esa frase en el túnel, el Barcelona enseguida se la arrebató. Y eso que Flick sorprendía con Ferran y no Lewandowski y Fermín y no Gavi, Simeone salía con su chándal que es el traje de Copa y Giuliano por la izquierda, por eso de que quizá ninguno de los que tiene para jugar ahí le acaba de convencer ahí, y Reinildo por detrás, por eso de que por delante tenía a Lamine. Un Lamine que lo descerrajaba en la primera carrera. Pedri le servía una pelota por encima de la defensa que Yamal centraba al punto y Giménez salvaba bordeando el autogol. Era el primer aviso de Flick. Con esos dos futbolistas le daría un repaso al Cholo, dejando caduco su método y frases. Esta noche vacías, huecas, en la temporada muerta tras el verano de los fichajes.
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Nunca se toca fondo. Se puede estar peor. En el 8, el Munuera del VAR (Martínez) llamaba al del campo (Montero) para que revisara el color de la tarjeta, amarilla, de una entrada con la plancha de Azpilicueta sobre Raphinha. El de abajo mantuvo su decisión y, aunque siguieron once contra once, en realidad pareció que los de amarillo verdoso eran un ejército de cien. Ese Barça que combinaba rápido y se movía más. Pedri estaba en uno de esos días de Potter, mezclando talento y calma, abriendo caminos en cada pase. La pólvora la encendía Lamine con solo rozar la pelota. El Atleti sufría, no sabía cómo tapar a uno y a otro. Simeone movía sus piezas. Giuliano a la derecha, De Paul a la izquierda y Llorente con Barrios al centro. Pero siguió incapaz. Cada carrera del Barcelona era una fuga de agua. A Lamine le faltó un palmo para alojar en la red un zurdazo tras un delicioso control orientado.
La guerra la gana el que utiliza mejor a sus soldados. Y Flick no tardaría en romperle el cántaro en la cabeza a Simeone. El gol lo marcó Ferran, metiendo la puntera lo justo para cruzar la pelota ante la salida de Musso, pero lo cocinó Lamine, que ni ha pasado la EBAU y ya es un maestro de balones filtrados. El Atleti era incapaz de dar dos pases seguidos, ni siquiera dos pasos. Simeone seguía moviendo sus piezas sin que nada funcionara. A Julián y Griezmann no les llegaba un balón, Reinildo no podía, De Paul jugaba espeso y descompuesto. Y, claro, eso lo penaba todo el Atleti que sobrevivía sin recibir más golpes esperando al descanso. Mientras, Simeone enviaba a jugadores a calentar para tratar de cambiar todo al descanso. El Barça ganaba hasta en faltas, que no amarillas, la mano del Munuera del campo castigando cada acción rojiblanca sacando una tarjeta del bolsillo.
Juega cada partido como si fuera el último. Al Atleti solo le quedaba eso. Simeone regresó al partido sin chaqueta y tres cambios: Lenglet, Galán y Sorloth. Nada más pisar el gigante el partido, todo cambió. Con más tino en la salida de balón, Cubarsí temblaba ante la figura del gigante que la primera vez que se quedó solo ante Szczesny pateó al primer palo cuando tenía a Griezmann solo al lado. El balón en el lateral de la red para escalofrío de Flick. Musso sacaba el guante para repeler un chut de Raphinha, el único peligro de un Barça con menos balón, peligro y campo. Lamine cojeaba tras una entrada de Lenglet, a Barrios se le salía el hombro, los dos seguían, porque no hay guerra que no deje secuelas y ellos eran soldados con un objetivo: llegar a La Cartuja.
La guerra la gana el que utiliza mejor a sus soldados. Con el regreso a los tres centrales y dos carrileros blandía Simeone su cántaro noruego sobre Flick. Pero el Barça se había hecho pequeño bajo la presión rojiblanca, Pedri desaparecido. Nahuel era el cuarto cambio del Cholo, marcaba Sorloth pero en fuera de juego. El Barça veía cada vez desde más lejos a Musso. Flick le daba 25 minutos a Lewandowski mientras Riquelme era la carta del Cholo para los últimos diez. El sitio de lo dejaba un Griezmann al que en el último año se le ha ido resuello, talento y picardía. El Atleti se volcaba precipitado sobre Szczesny con el corazón y empuje de Roro, pero un De Paul que se movía cojo tenía más precipitación que acierto. Y el minutero hacía el noventa sin que el hubiera sido capaz de armar un tiro a puerta. El Barça puso calma y balón a los últimos minutos mientras el Atleti buscó el gol en jugadas largas a los pies de Szczesny, pasando la pelota por las botas de Roro, de Julián, de Galán y Sorloth. Musso subió a rematar la última falta, el último córner, pero a su equipo le había faltado una parte. El 0-1 tantas veces ley en el Cholo sería su soga en esta vuelta de semifinal. Habrá Clásico en la final. El Atleti se fue al sumidero en un marzo, abril negros. Y un penalti maldito que lo manchó todo.
Cambios
Clément Lenglet (45′, Giuliano Simeone), Alexander Sørloth (45′, Reinildo), Javi Galán (45′, César Azpilicueta), Nahuel Molina (57′, Robin Le Normand), Eric García (57′, Pau Cubarsí), Ronald Araujo (57′, Fermín López), Robert Lewandowski (73′, Ferran Torres), Rodrigo Riquelme (80′, Antoine Griezmann), Gerard Martín (86′, Lamine Yamal)
Goles
0-1, 26′: Ferrán Torres
Tarjetas
Arbitro: José Luis Munuera Montero
Arbitro VAR: Juan Martínez Munuera, Diego Barbero Sevilla
Azpilicueta (5′,Amarilla), Simeone (8′,Amarilla), De Paul (12′,Amarilla), Reinildo Mandava (30′,Amarilla), Frenkie De Jong (34′,Amarilla), Julián Álvarez (47′,Amarilla), Nahuel Molina (58′,Amarilla), Alex Balde (67′,Amarilla), Gerard Martín (92′,Amarilla).

Hender «Vivo» González
Con información de Diario AS