El equipo de Ancelotti se mete en la final después de un partido que fue enloqueciendo. La Real llevó el partido a la prórroga gracias a dos autogoles de Alaba y allí le salvó, por enésima vez, Rüdiger.
Al final fue un enorme partido de Copa, esa competición que casi nunca está en sus cabales. Eso la hace única. A diez minutos del final el Madrid estaba fuera por dos autogoles de Alaba. Le metieron dentro Bellingham y Tchouameni y le llevó Oyarzabal a una prórroga angustiosa. Y ahí, otra vez sobre la bocina, con un cabezazo de Rüdiger, el hombre que le salvó en el Etihad y el Metropolitano, se metió en la final de Copa. Esto es el Madrid, el enemigo de la lógica, el novio de la épica. La emoción y el pase a la final no deben confundirle. No valdrá siempre jugar a ratos. No toda embestida tendrá su final feliz. La Real, sin cuajar el partido de 2020, lo tuvo y se le fue porque 120 minutos en este estadio se hacen extremadamente largos.
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El banquillo viene a ser la hormona del crecimiento en el Madrid, traducción libre de las palabras de Ancelotti en la víspera. Algunos cuerpos toleran las dosis de suplencia mejor que otros. Funcionó con Valverde, Vinicius y Rodrygo y no tanto con Arda Güler. Ahora espera que haga efecto con Endrick, internacional prematuro con Brasil al que se le pide que eche abajo una puerta de acero: Mbappé. En cualquier caso, el italiano le puso en la ida y le dio ventaja al Madrid y quiso probar también en la vuelta. El chico tiene encanto y gol, a partes iguales. Fue el protagonista de la primera parte del duelo, la menos emocional. Le cae bien a la gente y ese es un buen comienzo. También puso a Camavinga de lateral izquierdo. Resultó un desastre. Kubo le dejó en evidencia.

La Copa, por definición y porque no hay un mañana, tiende a vulcanizar los partidos. En este ocurrió al final, porque el inicio fue tranquilo. El Madrid ganaba antes de empezar y la Real no se sentía con fuerzas para embestir a un rival superior en campo contrario. Su plan era la paciencia a la espera de que se le abriera una puerta. Y se le abrió antes incluso de lo previsto. Al cuarto de hora Zubimendi buscó la izquierda, una peinada de Pablo Marín habilitó a Barrenetxea y el exterior zurdo se metió en el área y colocó su disparo entre las piernas de Lunin. El Madrid se veía, una vez más, caminando sobre las brasas. Esta vez inmerecidamente. Habrá jugado peor que en esos minutos iniciales este año no menos de veinte partidos sin haber pagado esa factura.
Vinicius y Endrick
Antes del gol, una chilena de Endrick y un tiro cruzado de Vinicius pudieron haber cambiado el inicio. Bellingham y Rodrygo, después, estuvieron en condiciones de arreglarlo. Al equipo donostiarra le faltó lanzarse a la escapada cuando amenazaba pájara en el Madrid. Pero lo que llegó fue carnaval. Vinicius metió un pase fantástico de exterior al espacio y allí nadie pudo ya alcanzar a Endrick, que picó la pelota con ciencia de veterano ante la salida de Remiro. Minutos antes la Real había perdido a Aguerd, lesionado. Ese desajuste pudo tener también influencia en el gol.
En cierto modo, este es el Madrid de este año, entra y sale de los partidos, no se queda a vivir en ellos. A veces le alcanza, a veces no. Cumplida la misión, volvió a ese dominio de baja intensidad que le servía porque ninguna contra de la Real cuajaba. Todas se iban por el desagüe mucho antes del último pase, en gran medida porque casi nada pasaba por Kubo, el jugador llamado a ponérselo en japonés a sus ex. Lo haría después.

El Madrid salió aparentemente más vivo tras el descanso. Enlazó un intento de gol olímpico de Rodrygo, una arrancada tremenda de Endrick y un penalti de libro por sopapo intencionado de Remiro a Bellingham cuando este intentaba rematar de cabeza. El VAR, ese primer productor mundial de agravios, se hizo el muerto. Esos arrebatos del Madrid son solo chaparrones que pasan pronto. Este también. El partido volvió a la calma. Al Madrid no le corría prisa; a la Real, pese a su desventaja, parecía que tampoco. Un partido largo e igualado le convenía, a pesar de que lleva toda la temporada en estación seca.
El terremoto final
Con la eliminatoria en el alambre, Ancelotti no aguantó más sin Mbappé, a costa de Endrick, obligado a desmonterarse por el Bernabéu. El Madrid ya estaba en franca recesión. De hecho, pudo recibir el empate en un remate de Zubimendi al saque de un córner. La parada de Lunin, su única acción de mérito, fue prodigiosa. Oyarzabal no fue capaz de agarrar el rebote. Y lo que no logró el fuego enemigo lo consiguió el amigo. Un centro raso y con veneno de Pablo Marín lo mandó a su propia puerta Alaba con el tacón. Y poco después, con el Madrid encogido y el Bernabéu incendiado, el austriaco también desvió hacia su propio marcó un tiro de Oyarzabal que eliminaba al Madrid. No olvidará esta noche. Para entonces Kubo andaba de gira por su banda. La respuesta al susto fue Vinicius, que rompió como un relámpago por su banda para regalarle el 2-3 a Bellingham. Por fin llegaba el terremoto copero. A Vinicius se le fue el 3-3, pero se lo regaló Tchouameni, con el cabezazo que metía al Madrid en la final, de la que le sacó, en el descuento y momentáneamente, otro testarazo, de Oyarzabal, en cantada de Lunin, que tuvo un día de pesadilla.

En la prórroga tuvo mejores ocasiones el Madrid y Alberola le perdonó la roja a Olasagasti por una entrada destempladísima a Vinicius cuando la Real ya firmaba los penaltis. No le dio para ello. Rüdiger, siempre héroe por accidente, le arrebató el sueño al cabecear un córner lanzado por Güler y metió al Madrid en una final que espera que no sea de consolación.
Cambios
Aritz Elustondo (26′, Nayef Aguerd), Kylian Mbappé (65′, Endrick), Sergio Gómez (67′, Ander Barrenetxea), Hamari Traoré (78′, Jon Aramburu), Luka Modric (78′, Lucas Vázquez), Fran García (90′, Eduardo Camavinga), Jon Olasagasti (90′, Pablo Marín), Antonio Rüdiger (90′, David Alaba), Arkaitz Mariezkurrena (105′, Takefusa Kubo), Orri Óskarsson (105′, Mikel Oyarzabal), Arda Güler (105′, Rodrygo), Brahim Díaz (105′, Raúl Asencio)
Goles
0-1, 15′: Barrenetxea, 1-1, 29′: Endrick, 1-2, 71′: Alaba, 1-3, 79′: Oyarzabal, 2-3, 81′: Jude Bellingham, 3-3, 85′: Aurelien Tchouameni, 3-4, 92′: Oyarzabal, 4-4, 114′: Rüdiger
Tarjetas
Arbitro: Javier Alberola Rojas
Arbitro VAR: Daniel Jesús Trujillo Suárez, Juan José López Mir
Jon Aramburu (73′,Amarilla), Oyarzabal (86′,Amarilla), Javi López (86′,Amarilla), Camavinga (91′,Amarilla), Jon Ander Olasagasti (105′,Amarilla).

Hender «Vivo» González
Con información de Diario AS