Copa del Rey: Con gol del Brasileño Endrick el Madrid se impone a la Real Sociedad por la mínima

Un gol del brasileño, que también estrelló un tiro en el larguero, acerca a la final a un Madrid de sacrificio. Un gran Lunin paró a la Real.

Hay un Madrid nada galáctico, pero que emociona a Ancelotti porque gratifica su trabajo. El que se vio en Anoeta. Con un once alternativo, se bajó a la obra, aguantó a la mejor Real posible, defendió el fuerte y se guardó un buen resultado para la vuelta. El trabajo de Bellingham, el casi insólito espíritu de sacrificio del neocapitán Vinicius, la robustez de Fran García, la puntería de Endrick, la eficacia de los centrales, un soberbio Tchouameni incluido, o las manos prodigiosas del Lunin de Mánchester fueron las fortalezas blancas. También hubo debilidades. La más notable, Arda Güler, cuyo duende se ha evaporado. A la Real hay que aplaudirle la actitud, pero le faltó un punto de arrojo para apretarle más las tuercas a un Madrid remendado, que miró más allá del partido y que acabó con diez por la lesión de Ceballos. Aun así, estuvo cerca del empate. Y Sánchez Martínez, en un paisaje tan humeante, salió ileso y no dejó pasar los gritos ofensivos hacia Asencio. Sacó amarilla al público desde los videomarcadores.

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Una Real con traje de luces contra cuarto y mitad del Madrid titular. Ancelotti puso un once de primera ronda de Copa en una semifinal, decisión que admite dos explicaciones: que cuando llegue la vuelta sabrá cuánto le importa al equipo un torneo que nunca estuvo en la mejor tradición del club y que siempre quedará el Bernabéu, eterno factor de corrección. Fue, en cualquier caso, una decisión de altísimo riesgo, más visto el partido liguero de Anoeta, resuelto en favor del Madrid con dos penaltis después de ver cómo el palo devolvía tres disparos realistas, pero resultó.

Imanol Alguacil, con un título a tiro de tres partidos, vistió a su equipo de gala, de Remiro a Kubo, sin siquiera tomar precauciones con Aguerd, que se había retirado el domingo en el partido ante el Leganés por molestias musculares.

Del asedio la contra

Aunque la Real es el menos nórdico del norte, aunque tiene más futbolistas de talento que de combate, también sabe ser intensa, especialmente en torneos de tan corto recorrido como la Copa. Así recibió al Madrid, presionante, casi agobiante, encadenando embates, especialmente desde la banda derecha, la de Kubo, prueba de que también existe el fútbol de barrio en Kawasaki. Suya fue la primera gran oportunidad blanquiazul, mal finalizada por el japonés, bien resuelta por Lunin.

El Madrid era, en el inicio, poco más que un equipo de guardia alta, un grupo resistente cobijado en un 4-4-2 que obligaba a Arda Güler y Bellingham, centrocampistas de extrarradio, a ser más tapones que lanzaderas. Buena parte de su trabajo lo absorbe regularmente Valverde, infantería, caballería y artillería, un ejército de uno, pero esta vez no estaba para soportar esa carga. De aquellos minutos llamó la atención el sacrificio defensivo de Vinicius. Probablemente el brazalete de capitán que estrenaba provocó el ataque de responsabilidad. O quizá fuera tener a su lado a Bellingham, que trae ese gusto por el trabajo de serie.

Toque a toque, el Madrid fue bajándole la fogosidad a la Real y acabó por cazarla en una contra tan sencilla como precisa. Bellingham atendió a un desmarque de Endrick, le lanzó un gran pase de 40 metros y el brasileño lo controló con lo que pudo, probablemente la barriga, y superó a Remiro de toque de exterior. Seis meses con Modric dan para mucho. Al chico le faltan continuidad y tablas, pero gol tiene. Necesita muy poco para dar con él.

El tanto tuvo más de paréntesis que de cambio de clima. La Real retomó su dominio, no tan insistente como al principio, y el Madrid se defendió como le gusta a Ancelotti, tribalmente, sin ahorrarse una carrera, sin dejar cabos sueltos, sin distracciones. Una vez que ha limpiado el chapapote de las lesiones atrás, ha encontrado cómo defender bien.

El escuadrazo

En cualquier caso, el equipo de Ancelotti no era impenetrable. Demasiado replegado, aparecían algunas filtraciones. En una de ellas, Oyarzabal se hizo hueco en el área, pero soltó un disparo inocente que adivinó pronto Lunin. En otra, Tchouameni frustró un pase de la muerte de Barrenetxea, que después buscó la escuadra. Se encontró la mano cambiada del meta ucraniano. Asencio sufría como lateral ante el exterior realista. Ancelotti le quitó en el descanso.

La segunda parte se volvió más copera, más abierta. En apenas dos minutos Lunin invalidó un remate a quemarropa de Oyarzabal y Endrick le sacó astillas al travesaño, en otra maniobra de desmarque, control y remate en una sola pieza. Ese punto de mayor valentía de la Real, obligada por el resultado, tenía una cara B, la cesión de espacio a un rival que ahí es pez en el agua.

Imanol fue refrescando su ataque con cambios de pieza por pieza mientras a Ancelotti le salió el italiano que le acompaña para meter a Alaba por Endrick. El efecto dominó fue que Tchouameni ascendió al centro del campo, Camavinga a interior izquierdo y Bellingham a segundo punta. El inglés rozó el 0-2, con un tiro raso desviado por Zubeldia. La parada de Remiro fue sublime y evitó que la Real acudiese guillotinada al Bernabéu, donde solo le quedan la gesta o la despedida.

Cambios

Lucas Vázquez (45′, Raúl Asencio), Sheraldo Becker (63′, Ander Barrenetxea), Pablo Marín (63′, Luka Sucic), David Alaba (71′, Endrick), Aritz Elustondo (76′, Nayef Aguerd), Orri Óskarsson (76′, Mikel Oyarzabal), Javi López (83′, Aihen Muñoz), Rodrygo (83′, Arda Güler), Brahim Díaz (83′, Vinícius Júnior), Ferland Mendy (87′, Eduardo Camavinga)

Goles

0-1, 18′: Endrick

Tarjetas

Arbitro: José María Sánchez Martínez
Arbitro VAR: Jorge Figueroa Vázquez, Diego Barbero Sevilla
Raúl Asencio (45′,Amarilla), Lucas Vázquez (85′,Amarilla).

Hender «Vivo» González

Con información de Diario AS