En Venezuela, José Gregorio Hernández ya era santo antes de serlo oficialmente. El «médico de los pobres» ha sido venerado por décadas, su imagen presente en hospitales, iglesias y hogares, y sus fieles rezando con la certeza de su intercesión. Para muchos, su canonización es solo un reconocimiento tardío de una devoción que nació el día de su muerte, el 29 de junio de 1919.
En las calles, su devoción se ha entrelazado con la religión popular, una de las razones de la larga espera por su canonización. En barrios de toda Venezuela, altares improvisados muestran su figura junto a santos católicos y divinidades yoruba. En el culto a María Lionza, es un espíritu protector de la «Corte Médica». Su imagen comparte espacio con José Martí, Simón Bolívar y la Virgen de Coromoto.
Su santuario en Isnotú, su pueblo natal, es un testimonio de su arraigo. Miles de placas agradecen «favores concedidos», muletas abandonadas y retratos de niños sanados. Pero la Iglesia requería pruebas, y dos milagros reconocidos tras rigurosos estudios llevaron a José Gregorio Hernández a la santidad oficial.
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Yaxury Solórzano: la niña que volvió a vivir
Marzo de 2017. En un camino rural del estado Guárico, una niña de 10 años, Yaxury Solórzano, recibe un disparo en la cabeza durante un asalto. Su madre, desesperada, la lleva al hospital más cercano. Los médicos logran salvarla, pero advierten lo inevitable: si sobrevive, quedará con graves secuelas neurológicas. No podrá hablar, caminar, sostener un lápiz en la mano.
“No hay nada más que hacer”, sentencia un doctor.
Pero la madre no se rinde. En la sala de espera, reza con fervor. Implora a José Gregorio Hernández, ese médico al que ha encomendado su salud toda la vida. Le pide lo imposible.
Días después, lo imposible ocurrió. Yaxury no solo sobrevive, sino que se recupera completamente. Habla, camina, juega. Los médicos no tienen explicación. La Iglesia, en cambio, encuentra un milagro. En 2020, el Vaticano aprueba el caso y con él, la beatificación del médico venezolano.
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Una recuperación inexplicable
El segundo milagro, el que lo llevaría finalmente a la canonización, ocurrió lejos de Venezuela. Un venezolano residente en Estados Unidos se enfrenta a una condición médica crítica. Su diagnóstico es devastador: fallas multisistémicas, órganos colapsados, daño cerebral irreversible. Los médicos pronostican lo peor.
Pero la fe de sus familiares los impulsa a hacer lo único que pueden: rezar a José Gregorio Hernández. Durante ocho días consecutivos, piden su intercesión.
Entonces, ocurre lo impensable. En una semana, el hombre se recupera por completo. El Vaticano, tras una investigación exhaustiva, reconoce el caso como el segundo milagro necesario para la canonización.
Con estos dos casos, el Papa Francisco confirmó lo que el pueblo venezolano sabía: José Gregorio Hernández es santo. Su proceso de canonización, iniciado en 1949, culminó tras 76 años.
Para Venezuela y América Latina, su santidad es un reconocimiento de una fe inquebrantable, de un médico que renunció a la riqueza para servir a los pobres, de un hombre que creyó en el poder del amor y el servicio. Hernández no necesitó altares ni ceremonias; su lugar en el corazón de los fieles ya estaba asegurado.
Oriana Lorenzo con información de IB